Educar con respeto y en el respeto

Educar con respeto y en el respeto

Una breve reflexión sobre cómo enfocar la educación de nuestros hijos. No siempre existe un método o forma universal porque todos somos únicos, pero si podemos pensar y reflexionar sobre el respeto para todos en general. Antes, muchos crecimos bajo el temor como sinónimo de obediencia. Si se hacía algo malo se recibía sin más un castigo severo y a veces ante la buena conducta había premio o recompensa. Esto a veces no es siempre efectivo. No hay que orientar el comportamiento solo a base de gratificaciones. Los niños necesitan entender el origen del buen comportamiento y practicarlo sin esperar siempre algo a cambio.

La obediencia basada tanto en el temor como en la permisividad causan en los niños malestar e infelicidad. La primera porque levanta muros a su alrededor y la segunda porque al no ver nada que lo limite no entiende como tiene que actuar en cada instante. Ambos extremos no son buenos. Por ejemplo: un niño criado en casa con temor no comprende que es la obediencia, lo hace por obligación. Cuando está fuera de casa no siente presión y actúa sin límites, expresando sus miedos a través de conductas disruptivas, abusivas; también lo contrario: niños cerrados, retraídos, a la defensiva.  El miedo no educa, sino que daña su equilibrio emocional y su espontaneidad.

¿Qué es un niño obediente en el miedo? Es un niño que no sabe expresar sus emociones, es inseguro, no explora, tiene dificultades para relacionarse son los demás, genera represión emocional. Suelen tener conductas distintas u opuestas dentro y fuera de casa.

Para educar en la obediencia y en la felicidad es necesario educar en la responsabilidad y en el respeto. Al darles responsabilidades adecuadas a sus posibilidades les ofrecemos un voto de confianza y que ellos sientan que pueden con esto y más; aumentará su orgullo y su autoestima.

Dialogo y respeto. Razonar sobre el sentido de las normas que les damos (no imponemos) y explicarles por qué deben cumplirse. La comunicación atenta y clara favorece este proceso, si además les ofrecemos una vía de comunicación segura y tranquila, con tiempo para escucharlos. También educamos desde el ejemplo. Si hablamos a gritos: humillamos, y les enseñamos a humillar. Si no les escuchamos no aprenderán a escuchar….

Enseñémosles a vivir de manera que ellos entiendan cuáles son sus emociones y sentimientos. Mostrándoles sus posibilidades y opciones antes que sus errores.

Criemos niños felices y emocionalmente sanos.

Por un mundo mejor.

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